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Cultivar la inteligencia emocional durante el confinamiento por el coronavirus

Inteligencia emocional en confinamiento

Cultivar la inteligencia emocional durante el confinamiento por el coronavirus

Esta experiencia extraordinaria pone en juego nuestra capacidad para utilizar una infinidad de recursos personales que no usamos habitualmente y que en estos momentos necesitamos. La autorregulación emocional, una de las piedras angulares de la inteligencia emocional, nos puede ayudar a encontrar estabilidad en medio de esta fluctuante situación.

En las reflexiones anteriores, ponía más el foco en la emoción del miedo, de la ansiedad, el manejo de la incertidumbre, en reinventar nuestra rutina con sentido y realidad, el recuperar el sentido de libertad y en recordar que vivimos en sociedad y eso implica aprender a convivir. En esta ocasión quiero hacer de la tristeza y el manejo del presente, los grandes protagonistas de estas líneas.

HABLEMOS DE LA TRISTEZA: El duelo en la cuarentena

Duelos, no duelo. Estamos en un momento en que debemos hacer frente a varias pérdidas: el haber perdido la rutina de nuestro día a día, la libertad de movimientos, los encuentros con familiares y amigo/as, tu puesto de trabajo, el vivir estas semanas lejos de tus familiares (como es el caso de muchos sanitarios)… es en sí una pérdida. El tan temido Thanatos ya está aquí para todo/as. Y hablo de la totalidad de la población porque el despertar de la empatía, del compromiso colectivo, de la responsabilidad compartida, de los múltiples gestos de solidaridad ciudadana nos llevan a sentir y sufrir las pérdidas de estos días, aunque no se trate de nuestros seres más cercanos. El sufrimiento ajeno se ha transformado en propio.

Sylvie Riesco Bernier, escritora y profesora, en Una lección no preparada pero necesaria: el duelo, un bonito y breve texto en el que narra cómo ha acompañado a sus dos hijas pequeñas ante el reciente fallecimiento de su suegra por coronavirus , escribía lo siguiente: “La crueldad del coronavirus no radica en su agresividad en los cuerpos o en su falta de piedad escogiendo a sus víctimas, sino en la distancia física que impone entre los que nos amamos, para compartir la vida o acompañar un duelo”.

La situación actual agrava significativamente el dolor de las familias y allegado/as. El hecho de no poder acompañar y estar cerca en la recta final (independientemente de la causa de la dolencia), el no poder comprobar que ese/a fallecido/a es tu “ “, el no poder despedirnos, la ausencia de rituales (la imposibilidad de realizar velatorios, entierros y funerales), el no poder recibir los abrazos de consuelo, la falta de calidez del entorno pueden complicar los procesos de duelo y agudizar secuelas psicológicas.

Es importante saber que habrá tiempo para ritos, que recibiremos esos abrazos, podrás despedirte de tu/s familiar/es, recolocarás tu vida. Hasta que eso ocurra, aprende a abrazar tu tristeza, no huyas de ella. A la tristeza no le gusta las prisas, así que es importante que respetemos sus tiempos y nos demos permiso para contactar con esos dolorosos sentimientos. Concede palabras, habla de ella, comparte y saca fuera ese dolor inmenso con lo/as que están cerca de ti (física o virtualmente), para que ese duelo puedas hacerlo en menor soledad.

Los procesos de duelo añaden aprendizaje en nuestra vida y como dice Alejandro Jiliberto Herrera, psicoterapeuta chileno: “Dar un lugar a la muerte es lo que permite dar más valor a la vida. Elaborar bien un duelo nos da madurez, una identidad más sólida, nuevas capacidades para inventar una nueva vida y una oportunidad para aprender a disfrutar de nuevo”. *

EL PESO DE LA ESPERA: Cambiemos el ayer y el mañana por el ahora.

Frente a la muerte y la pérdida y mientras esperamos a que lleguen tiempos mejores, aprendamos a vivir intensamente el aquí y ahora.

La gestión emocional es una herramienta esencial en nuestra vida. No vivas esperando a que los días pasen, actúa en el presente, pero no te impacientes. Claro que es complicado disfrutar el 100% del tiempo, pero es el momento de aprender que lo ordinario es extraordinario, que las cosas llevan su tiempo, que los cambios no siempre suceden cuando queremos y de la forma que más nos conviene y que los logros tardan en llegar y no sale todo a la primera, las cosas avanzan a su propio ritmo sin que las incomodidades e inconvenientes nos pidan permiso para aparecer….la vida es así, a veces dura, pero podemos disfrutar en ella.

Siempre nos quejamos de que nos faltan horas en el día para hacer todo lo que tenemos que hacer. Aprendamos a ser más conscientes de cada minuto del día e invirtamos ese tiempo en lo que realmente queremos y necesitamos, quitemos de la lista actividades que no aportan. Si sabemos lo que queremos, la lista de obligaciones que acompaña se hace más sencilla de llevar a cabo.

En la cultura de la eficiencia y productividad, de la consecución de la lista interminable de objetivos, de la hiperestimulación, la velocidad y las prisas, en la que todo era para ayer, pausemos nuestro día, aprovechemos este toque de queda para mirar hacia dentro, pasemos de la impulsividad a la reflexión. Y desde ahí ya podemos marcarnos nuestros objetivos diarios (recuerda, con comprensión y flexibilidad). Y al final del día, reconoce tus logros y felicítate por los avances alcanzados. Cuando me vaya a la cama, ¿qué me gustaría haber quitado de mi lista de quehaceres? ¿Se me ha quedado algo por decir a alguien? ¿Qué pasos avancé en el día de hoy?

La paciencia es una clave pare el éxito en el logro de nuestras metas y su tiempo de acción es el presente. Las personas pacientes tienen la armonía interior y las fuerzas para superar las situaciones adversas que se convierten en obstáculos para la consecución de las aspiraciones. La paciencia no es la habilidad de esperar sino la habilidad de mantener una buena actitud mientras esperas. Nos permite afrontar el futuro con seguridad y confianza, es un antídoto contra las dificultades y nos permite discriminar y priorizar nuestros intereses frente los impulsos de las emociones (en especial de la ansiedad).

Ibn Sina, médico y filósofo persa, escribió: “La imaginación es la mitad de la enfermedad; la tranquilidad es la mitad del remedio; y la paciencia es el comienzo de la cura”.

El afrontamiento psicológico de esta situación requiere una respuesta adaptativa: en estos momentos más que nunca, invirtamos nuestro tiempo y energía en transformarnos en buenos gestores emocionales. Conectemos con lo que sentimos, incluida la tristeza, y aprendamos que el arte de vivir el presente es una clave de nuestra salud mental.

¡Mucho ánimo y recuerda #EsteVirusLoParamosUnidos!

Berenguela Monforte Sáenz
Unidad de Psicoterapia y Formación Escuela Técnica Superior de Ingeniero Industriales – UPM

* Para ayudarte a ello, te hago llegar una guía – elaborada por profesionales especializados en duelos – para personas que sufren pérdidas en esta crisis sanitaria (http://www.etsii.upm.es/la_escuela/organizacion/servicios/gabinete_psicologico/nodesastre. es.htm). Además, desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, se ha abierto una dirección de correo en la que psicólogos voluntarios darán apoyo emocional en estas situaciones (apoyoalduelocopm@cop.es). Y esta Unidad puede ser otro canal que usar en estos momentos.