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Grundfos quiere ganar dinero con la responsabilidad corporativa

Grundfos Responsabilidad Social Corporativa

Grundfos quiere ganar dinero con la responsabilidad corporativa

La multinacional danesa lo considera clave para lograr proyectos sostenibles

La multinacional danesa Grundfos, primer fabricante del mundo de bombas hidráulicas, tiene muy claro que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es un elemento clave de la propuesta de valor de su actividad empresarial. Pero no una RSC cualquiera, cuya supervivencia dependa de las asignaciones presupuestarias anuales de las compañías, sino una RSC que sea rentable, con la que se gane dinero, para que los proyectos y las actividades que promueva sean autosuficientes y se mantengan por sí mismos en el tiempo.

Así lo ha especificado José Ramón Vilana, director general de Grundfos España y Portugal, durante el reciente acto de presentación de las propuestas de valor de la empresa en el ámbito de la RSC, el desarrollo sostenibles y la digitalización, celebrado en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales (ETSII) de Madrid.

Esta particular concepción de la RSC se deriva de la propia concepción de la compañía. El mayor accionista de Grundfos, con el 90 por ciento de las acciones, es la Fundación Poul Due Jensen –su fundador– y no tiene ningún inconveniente en que su margen bruto (ebit) ronde el 9 por ciento, cuando sus comparables oscilan entre el 13 y el 15 por ciento. “Nosotros reinvertimos pensando en el largo plazo”, dice Vilana, justo antes de apuntar que el 5 por ciento de los ingresos de la empresa –unos 4.000 millones de euros anuales– se destina a la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Propuesta de valor sostenible

Vilana sostuvo con ironía que “nuestra propuesta de valor no es el suministro de bombas hidráulicas, tecnológicamente avanzadas, con alta calidad y a un precio competitivo; eso es el rollo tomatero típico de cualquier empresa”, y acto seguido afirmó, con llaneza, que “nosotros movemos agua” y explicó que su propuesta de valor, imbricada con la RSC, se basa en una combinación de eficiencia energética, sostenibilidad y digitalización aplicadas al ejercicio de su actividad.

Por el lado de la eficiencia, la meta es clara: ahorrar energía, porque el 10 por ciento del consumo global de electricidad se destina a activar bombas de agua y otros fluidos y con las bombas actuales y las nuevas tecnologías de la información este consumo se puede reducir a la mitad. Por el lado de la sostenibilidad, el ejecutivo puso como ejemplo el proyecto LifeLink, que permite el suministro de agua potable en países pobres, gracias a bombas subterráneas. Desarrollado en Kenia y en proceso de extenderse a Uganda, Tanzania, Malawi y otros países, se basa en un nuevo enfoque a gran escala que aglutina participantes y socios con el objetivo de alcanzar una masa crítica. El servicio se cobra a precios realistas mediante una aplicación móvil que permite el mantenimiento de las instalaciones: “nosotros ganamos al vender la bomba; el resto es para que perdure”, dijo Vilana.

“Fuerza transformativa”

La exposición sobre el enfoque de digitalización de Grundfos corrió a cargo de Julián Trascasa, director de negocio industrial para Europa occidental, quien arrancó parafraseando la definición de digitalización empleada por Mads Nipper, presidente de la empresa: “Es la fuerza transformativa en el desarrollo de la humanidad que soporta la creación de valor a través de conectar gente, compañías, productos o literalmente cualquier persona o cosa”. Trascasa aplicó la definición a soluciones concretas, siempre con un enfoque holístico, como la recolección de datos en la nube y la gestión predictiva de los equipos, la colaboración entre hombre y máquina –“sigue siendo indispensable”–, el pago por uso –“gracias al ahorro energético que proporcionamos estamos cobrando por el volumen de agua que movemos y no por la bomba que instalamos”–, y, sobre todo, las bombas inteligentes autogestionadas: “La bomba detecta cuándo se va a romper, avisa a la fábrica para que disponga el repuesto y convoca al técnico para que la repare cuando mejor convenga”.

Fuente: Tomás Diaz. El Economista.

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